viernes, 11 de agosto de 2017

Por un bosque más animado

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 “Un modelo que hace que Bizkaia tenga unos montes más resistentes a los incendios forestales…”. Con esa frase finaliza su carta publicada en la sección de opinión del Correo del día 4 de julio de 2017 el Jefe de Montes de la Diputación Foral de Bizkaia y, al igual que la autocomplacencia que rezuma cada párrafo, se trata de un tema controvertido y más que discutible.

¿Cómo es posible que se fie la prevención de grandes incendios forestales a la explotación basada en especies de crecimiento rápido y a la creación y uso de pistas? Sería positivo que se reflexionara con detenimiento sobre las razones que hicieron arder una buena parte de Urdaibai en el 1989 y sobre la brutal intervención en el territorio tras su quema. Qué magnífica oportunidad se perdió para indagar sobre las razones de aquellos fatales incendios y sobre cómo gestionar el monte tras las llamas. Más positivo sería aún que se realizara una labor de planificación para integrar medidas de prevención del riesgo, de erradicación de prácticas lesivas para el suelo y el agua, y de adquisición de prácticas guiadas si, por la lógica, y por los programas propios de países avanzados: infraestructuras verdes, salvaguarda y protección activa de captaciones y de las arterias del territorio, los ríos y arroyos, y evitación del uso de aquellas especies que específicamente fomentan la acumulación de biomasa, la propagación del fuego y la recolonización incluso en los hábitat más sensibles.

Llama la atención que no mencione ni en una sola ocasión las especies que con mayor profusión ocupan la superficie forestada de la provincia y, de paso, su carácter pirófilo: el sempiterno mimado, el Pinus radiata, y el género que mayor crecimiento en superficie ha experimentado durante los últimos años, el eucalipto. Igual de llamativo es que no se reflexione sobre otra de las principales razones estructurales de los incendios, las políticas favorecedoras de los intereses de la industria de la madera de baja calidad y con una gestión cuestionable desde el punto de vista de los servicios ecosistémicos a corto y largo plazo.

Existe una controversia en el contexto mundial en torno al uso del eucalipto de forma masiva en la selvicultura. Controversia de la que no se hace eco el sector forestal Bizkaia, la cual niega sistemáticamente cualquier efecto negativo del uso de estas especies. Sin embargo, y a la luz de la bibliografía científica internacional, no existe ningún género de dudas, no solo ya sobre su carácter pirofilo e invasor o del derivado de las prácticas forestales que le acompañan, (técnicas agresivas para la preparación del terreno, matarrasas, elevado número de vías de saca…), sino sobre los impactos sobre el medio abiótico (reducción de la cantidad de agua disponible en el subsuelo, reducción de la capacidad de retención de suelo y merma de nutrientes en el suelo. Y esto sumado al agente capaz de retener agua, el propio suelo). Y el relativo a los impactos provocados sobre el medio biótico o sobre la propia biodiversidad (inhibición del crecimiento de la vegetación nativa y reducción de la flora y fauna local).

La reducción del contenido hídrico del suelo es uno de los puntos más polémicos. Se suele afirmar que el eucalipto absorbe más agua del suelo que otras especies debido a su rápido crecimiento y a su elevada eficiencia evapotranspiradora en comparación a los árboles autóctonos, si bien esa afirmación no es demasiado precisa. En general, los eucaliptos poseen copas que constituyen una superficie foliar relativamente grande que facilita los intercambios de calor y vapor de agua con la atmósfera y muestran una elevada tasa de interceptación del agua de lluvia. Estos dos procesos son los principales componentes de la evaporación total en una plantación forestal, aunque el grado de transpiración de una planta sea muy variable y la tasa de transpiración (y extracción de agua del suelo) de una determinada especie está en función la etapa de crecimiento, de las condiciones del clima y del agua disponibles.

En cualquier caso, sería deseable que la Diputación Foral de Bizkaia incorporara a la planificación forestal dos aspectos claves de cara al futuro inmediato, tanto desde el punto de vista de la gestión preventiva frente a los Grandes Incendios Forestales, como desde el punto de vista de transitar hacia una gestión más sostenible. El primero, integrar en la planificación más pronto que tarde escenarios que suman grandes dosis de incertidumbre y que tienen mucho que ver con el Cambio Climático. Ya estamos en un contexto muchas veces avanzado: la intercalación de eventos extremos con un aumento generalizado de la temperatura. El segundo, el fomento de medidas destinadas a incrementar el conocimiento para adoptar estrategias fundamentadas sobre datos empíricos y no en opiniones corporativas. Investigación y gestión basada en el principio de cautela. Ese es el modo de lograr un modelo para que Bizkaia tenga unos montes no sólo más resistentes frente a los incendios, frente a las sequías, frente a la erosión, frente a la salvaguarda de la biodiversidad, frente a los usos múltiples del bosque… la tarea es encomiable. Ojalá que no ocurra, pero las condiciones para una catástrofe imperdonable están servidas.

URDAIBAETZ HERRI EKIMENA

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