domingo, 20 de marzo de 2016

Laderas movedizas



Los geólogos aseguran que el 75% de Bizkaia se encuentra en zona de riesgo de deslizamiento. La combinación de orografía montañosa y clima lluvioso es letal a la hora de generar desprendimientos. Y Ondarroa no será el última

UN REPORTAJE DE ALBERTO G. ALONSO - Domingo, 20 de Marzo de 2016

LOS deslizamientos pueden ocurrir en cuestión de segundos o mantenerse durante una semana o incluso más tiempo”. Es parte de la definición de desprendimiento que se recoge en la guía elaborada por el Colegio de Geólogos del País Vasco y SOS-Deiak, la cual informa a los ciudadanos de los riesgos de deslizamientos del terreno y cómo actuar de manera preventiva. Un documento elaborado hace dos años y que quizás hubiera servido a los vecinos de Ondarroa para predecir que la ladera colindante a sus casas se resquebrajaba e iba a cambiar todo su futuro inmediato.

Ahora, tras el derrumbe, solo quedan medidas paliativas que durante toda esta semana se han llevado a cabo en Kamiñalde. “Lo único que se puede hacer es eliminar esfuerzos metiendo excavadoras en la parte alta del talud”, asegura Fernando Aizpiri, vocal de geotecnia del Colegio de Geólogos del País Vasco. Esa es la labor en ejecución actualmente, primero talando los árboles que pueblan la zona y luego extrayendo roca y terreno de una forma escalonada en una cifra estimada de 500.000 metros cúbicos. Todo a la espera de que el macizo pierda el agua acumulada durante semanas y se reduzcan las tensiones que desestabilizaron el monte.

Y es que son posibles nuevos deslizamientos, en Ondarroa, y en otros puntos del territorio si se dan las circunstancias adecuadas. Hay poca memoria histórica y solo los afectados recuerdan el desprendimiento de Ermua de hace cuatro años que no causó muertos por poco, ya que atrapó varios coches debajo.

Dos son las claves para entender este constante riesgo inclinado. La primera es que en Bizkaia llueve mucho y el exceso de agua y falta de drenaje es una de las principales causas de los derrumbes. La segunda es que la orografía es la que es y “en tres cuartas partes del territorio los terrenos tienen más de un 15% de inclinación”, concreta Aizpiri. Un grado de pendiente que significa “estar en una zona de riesgo, un terreno donde las actuaciones de edificación y urbanísticas deberían realizarse con los estudios necesarios, no alegremente creando taludes o aplicando medios de contención sin la información adecuada del terreno”, explica el socio de la consultoría geológica Lurgintza.

Parece ser que no fue el caso de Ondarroa. Aizpiri, conocedor del proyecto de contención del monte, explica que “aplicaron una técnica que llamamos hormigón dental, por la cual se hace una gran roza de arriba a abajo en el terreno, se coloca directamente encima una armadura metálica que después es encofrada con hormigón. A continuación se colocan bulones, es decir, se hincan barras de acero para anclar la viga al terreno natural”. El geólogo desvela que estos anclajes además “tenían cédulas de carga para medir la presión del terreno sobre el anclaje”. Otra cosa es si se vigilaron después esos dispositivos. “No tenemos información sobre quién ha medido esas presiones y si se ha realizado un seguimiento”, concreta Aizpiri.

A eso hay que añadir que el monte que fue comido literalmente a lo largo de 180 metros lineales en paralelo a la ría de Ondarroa no es de muy buena calidad. “Esa ladera tiene unas características geológicas de origen muy malas y se le practicó un grado de inclinación de 60 a 70 grados”, describe el especialista.

Ya a nivel general, Aizpiri es taxativo a la hora de enjuiciar el trabajo previo que se efectúa en una ladera. “A nivel de proyecto, en ningún talud de Bizkaia se realiza la labor de exploración que se debiera”. Solo pone como excepción “alguna ladera ya caída, con posteriores obras de refuerzo, a las que se ha hecho un seguimiento adecuado ante el miedo de que volviera a caerse”.

Es crítico cuando afirma que “con un sondeo y cuatro cosas más no se asegura el futuro de la obra; para tener total seguridad de que el proyecto es el adecuado para las tensiones que puede generar ese talud en caso de que se mueva, hay que llevar a cabo una exploración muy superior a la que realiza”.

DESMONTES VIVOS Un escenario de dejación que ha sido habitual durante la época de la burbuja inmobiliaria y que ahora, pasada ya más de una década, parece que empieza a pasar factura. El especialista especifica que “los desmontes que se hicieron entonces evolucionan, no hay que olvidar que el terreno está vivo, y puede mostrar síntomas de la edad con la aparición de deslizamientos”.

Y eso que “en Bizkaia se ha construido bien durante ese periodo delboom”, apostilla. Conocedor de muchos proyectos residenciales, indica que “se ha edificado con más cabeza y mejor calidad que en otras zonas más turísticas o donde el clima influye menos. Aquí las constructoras son gente competente, el problema no es la edificación sino la infraestructura urbanística que acompaña a la construcción como son los desmontes de laderas o los rellenos en un terreno”. La pregunta surge sin querer ¿No obliga la legislación vigente a prever estas contingencias? Sí y no. La construcción de un edificio se rige por el Código Técnico de Edificación, un marco normativo que detalla el procedimiento para cimentar una vivienda y levantarla pero que deja a discreción del autor de proyecto todo aquello que atañe a la estabilidad del terreno. En sí, no hay una obligatoriedad estricta. Fernando Aizpiri pone un ejemplo. “Si vas a edificar en la ladera de Artxanda, el proyecto constructivo debe ir acompañado de otro estudio geotécnico donde se contemplan los sondeos que ha habido que hacer, los ensayos que se han ejecutado para determinar la capacidad de carga... pero ese informe no se acompaña de un estudio de estabilidad del terreno, porque no hay obligación legal. Ningún Ayuntamiento lo va a pedir y habría que hacerlo para evitar problemas como los de Ondarroa”.

Desde el Colegio de Geólogos del País Vasco propugnan que los ayuntamientos elaboren mapas de riesgo geológico “que aclararían en qué zonas está permitido edificar, en cuáles se puede con las debidas precauciones, y dónde está prohibido”, apunta el vocal del colegio. El equivalente serían los mapas de riesgo de inundación que actualiza cada pocos años la Agencia Vasca del Agua (URA) para las riberas de los ríos.

Aizpiri concreta cómo “todo el mundo tiene claro ese ámbito de riesgo de inundación y los municipios impiden las construcciones en esas zonas, sin embargo, no existe información sobre qué zonas no pueden ser urbanizables por estar sometidas a riesgos geológicos”. Peligros que se concretan en deslizamientos de laderas, pero también en hundimiento de terrenos o colapso de solares en zonas sensibles.

Los profesionales también apuestan por una modificación puntual del Código Técnico que tenga en cuenta las condiciones orográficas vascas y regule la obligatoriedad de los estudios de estabilidad antes referidos. “Quizás lo ocurrido en Ondarroa pueda suponer un punto de inflexión”, concluye Aizpiri.